Nosotros hoy, comprometidos con el legado de Calasanz y Paula Montal:

  • Creemos en una educación que da respuesta a los retos de la sociedad actual a través de una formación académica de calidad.
  • Creemos en una educación que se realiza en colaboración con la familia.
  • Creemos en una educación que fundamenta el respeto, forma personas capaces de valorar a todos en su diversidad.
  • Creemos en una educación que ejercida con sencillez,
  • Creemos en una educación que transmite la verdad y enseña con veracidad.
  • Creemos en una educación que opta por los débiles, prepara para la vida y  a la trascendencia y al compromiso cristiano.
  • Creemos en una educación que opta por los débiles, prepara para la vida y abre a la trascendencia y al compromiso cristiano.
Paula Montal, profeta de la mujer.

m paula (1)Paula Nació el 11 de octubre de 1799 en un pequeño pueblo de pescadores y constructores de barcos de la provincia de Cataluña, Arenys de Mar. Sus padres se llamaban Ramón Montal y Vicenta Fornés; su padre era cordelero y su madre hacía bordados y encajes de bolillos. Paula era la  mayor de sus hermanos. A los diez años muere su padre y debe ayudar a su madre a sacar adelante la familia. Conoce entonces la difícil situación de la mujer del siglo XIX, que no contaba en la sociedad, y no tenía derecho ni posibilidad de acceso a la educación pero sí la responsabilidad de sacar adelante a la familia. Paula intuye que la manera de salvar las familias es promocionar a la mujer educándola. Se ha dado cuenta Paula, que la familia es algo fundamental en la sociedad, que la base de la familia es la mujer y por ella Paula “ofrece” todos sus desvelos.
Paula en 1829 marcha a Figueras, donde abre una escuela para niñas. Lleva una compañera Ines Busquet y a estas dos se le unieron en estos primeros inicios algunas más.

Paula descubre que para llevar adelante la escuela para las niñas, el camino es formar una familia religiosa y que su proyecto se ajusta al que siglos antes iniciara San José de Calasanz. Paula es la fundadora de la primera congregación femenina española del siglo XIX, dedicada exclusivamente a la educación.

Después de 13 años en Figueras, Paula abre una segunda escuela en Arenys de mar y una tercera en Sabadell. Paula irá fundando e impulsando nuevos colegios, Igualada, Vendrell, Masnou, Gerona, Blanes, Barcelona, Sóller, Olesa de Montserrat, y siempre con la misma entrega, el mismo entusiasmo, el mismo esfuerzo, y sobre, todo la misma confianza en Dios.

En sus escuelas, la educación en la fe tendrá un lugar destacado, sin dejar de lado una enseñanza cualificada y rigurosa para sus alumnas.

José de Calasanz, pionero de la escuela popular

En 1557 nacía en Peralta de la Sal José de Calasanz. Hijo de Pedro Calasanz y Maria Gastón, fue el pequeño de ocho hermanos. El pequeño José pasó sus primeros años de infancia en Peralta, como un niño más, pero Dios pronto despertó en él el deseo de ser sacerdote. Empieza un camino de estudios, viajes y experiencias no exento de dificultades que le llevaría al sacerdocio. Hizo una buena labor sacerdotal por las distintas diócesis que pasó. A finales de febrero de 1592 marchó a Roma, convencido de que estaría poco tiempo, el necesario para tramitar algunos asuntos de su diócesis y obtener una canonjía, que le permitiera volver a la patria, tranquilo y satisfecho y mirar el mañana con una cierta calma y confianza.

calasanzPero la deseada canonjía no llegaba. Como miembro de la cofradía de la Doctrina Cristiana comenzó a visitar las casas más pobres. Y no consiguió acostumbrarse a ver a los niños y muchachos forzados a vivir vestidos de harapos, sucios, en medio de la calle, riñendo,  tirándose piedras… ¿Qué porvenir les esperaba? ¿Qué oficio podían aprender en esas condiciones? ¿Cómo podrían un día formar una familia? Tenía que haber un modo de ayudarlos, para rescatarlos de aquella condena de vida, para darles un poco de instrucción, de dignidad, de alguna oportunidad para el mañana.

Uno de esos días por el Trastevere encontró a unos de esos muchachos que frecuentaban la escuelita en la parroquia de Santa Dorotea que el mismo párroco Don Antonio Brandini llevaba. Conmovido por el celo de don Brandini manifestó una cierta disponibilidad a echarle una mano, y fue entonces cuando sintió que Dios le llamaba a esta misión: ayudar no sólo a los pobres en general sino a los niños, muchachos y juventud mas desheredada a salir de la vía muerta de los sin esperanza, y a luchar por un futuro de ciudadanos respetados, de buenos cristianos, de esforzados trabajadores, capaces de ganarse el pan honestamente.

Llega la canonjía, pero tarde. En Roma Calasanz había encontrado el mejor modo de servir a Dios haciendo el bien a esos muchachos y ya no iba a dejarlo por nada del mundo.

Empezó en la escuelita de Santa Dorotea y el Tiber se desbordó arrasándola. José se remangó y la hizo resurgir. Pronto se dio cuenta de que la escuelita se quedaba chica y se trasladó al edificio Vestri que al poco quedó también chico y de nuevo se trasladó a la plaza San Pantaleo. Allí plantó y cultivo las raíces del árbol que después extendería sus ramas y frutos por todo el mundo. Buscó colaboradores. Calasanz tenía necesidad de encontrar maestros verdaderos y preparados. Para él la escuela, la enseñanza, era una vocación, una misión que vivir y prestigiar hasta el fondo, durante toda la vida, las 24 horas del día y sin separar la dimensión humana y natural de la sobrenatural y cristiana. Entendió que tal misión requería de una familia religiosa. Proyecto doble pero unitario en el fondo.

Calasanz se convierte así, en el pionero de la escuela popular, de una escuela para todos y en el fundador de la orden de los escolapios.